José Gil de Castro

Óleo sobre lienzo

Museo Histórico Nacional Buenos Aires, Argentina.

 

Según el Museo:

“La entrada en la capital de Chile fue apoteótica. San Martín rehusó terminantemente asumir el gobierno del país que había liberado, a pesar de los reiterados ofrecimientos que se le hicieron […]. Parece normal que en esos momentos se quisiera tener en Chile un retrato de San Martín. En Santiago se encontraba el pintor, peruano de nacimiento, José Gil de Castro […]. Cómo y dónde posó San Martín ante Gil de Castro será imposible saberlo.

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“Desgraciadamente, no conocemos retratos que reflejen a José de San Martín durante los primeros cuarenta años de su vida: en su adolescencia, en sus mocedades como estudiante madrileño y, después, como cumplido militar al servicio de España, en su arribo augural a la Patria que amanece y en el cargado lustro que orienta sus afanes hacia la campaña Libertadora.

Falta, aquí, el precioso testimonio contemporáneo de algún artista, y es laguna que cabe deplorar, dado el histórico interés de aquellas jornadas precursoras.

Sorteados los Andes, victoriosa en Chacabuco y arreciando ya, con inminencia, la gloria, un pintor peruano, residente, a la sazón, en Chile, José Gil de Castro, ejecuta con brillantez su retrato.

Esta obra, para la que posó San Martín, – discutida, alabada y vituperada- me parece que es el óleo más considerable,
pictóricamente, que la figura del héroe haya, hasta ahora, provocado.

En otras telas y miniaturas, repite Gil su versión, ajustadísima, por otra parte, a ciertas descripciones escritas acerca del modelo, como la que redactara el General Gerónimo Espejo, oficial del Ejército emancipador, insistiendo en “su color moreno, tostado por las intemperies”, en su “nariz aguileña, grande y curva” y en su “mirada vivísima”, animada por una “continua vibración”.

El San Martín de Gil, rígidamente estilizado de acuerdo a los cánones plásticos de la escuela del Cuzco colonial, nos restituye, sin embargo, una imagen de intenso y conseguido realismo. Ninguna interpretación se lleva tan bien con lo que sabemos sobre su entereza y su ascetismo”.
FUENTE: GONZÁLEZ GARAÑO, Alejo B.; “Presentación” a RATTO, Héctor R.; “Aspectos Navales de la Estrategia del Libertador”, Museo Histórico Nacional, Bs As, 1947, pp 6-7.

Fuente:https://museohistoriconacional.cultura.gob.ar/articulos/notas/jose-gil-de-castro-y-los-retratos-del-gral-san-martin/

Source: museohistoriconacional.cultura.gob.ar/articulos/notas/jos…
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(Portrait of General José de San MartínGeneral José de San Martín 1818
José Gil de Castro
Oil on canvas

The Museum’s Web site explains:

The entry into the capital of Chile was apotheotic. San Martin refused to assume the government of the country he had liberated, despite the repeated offers made to him […].

It seems normal that in those moments one would want to have in Chile a portrait of San Martín.

The painter, Peruvian by birth, José Gil de Castro, was in Santiago […]. How and where San Martin posed before Gil de Castro will be impossible to know.

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Unfortunately, we are not aware of portraits that show José de San Martín during the first forty years of his life: in his adolescence, in his youth as a Madrid student and, later, as a soldier in the service of Spain, or on his arrival at the Homeland.
There is, here, a lack of precious contemporary testimony by an artist, and it is a lacuna that can be deplored, given the historical interest in those early days.

This work, for which San Martin posed, – discussed, praised and vituperated – seems to me to be the most accomplished, pictorially, that the figure of the hero has, until now, inspired.

On other canvases and miniatures, Gil repeats his version of the General, which is very faithful to certain descriptions written about the model, such as the one written by General Gerónimo Espejo, officer of the emancipating army, insisting on “his brown color, toasted by the inclement weather”, In his” aquiline nose, big and curved “and in his” lively look”, animated by a” continuous vibration “.

The San Martín de Gil, rigidly stylized according to the canons of the school of colonial Cuzco, is an image of intense and achieved realism. No other interpretation is so compatible with what we know about his integrity and his asceticism. ”